sábado, 24 de noviembre de 2012

¿A qué huelen las cosas que no huelen?

¿Alguien se acuerda de ese anuncio de los noventa? No por el anuncio en sí, sino porque desde hace días, casi semanas, me ronda la cabeza un desasosiego: no sé a dónde van a parar los pensamientos que, una vez pensados, no hemos vuelto a poner en práctica.
Me explico con un ejemplo: hace un par de meses di una charla a un grupo de estudiantes de la universidad de Lovaina acerca de las distintas posibilidades de estudiar en España (hay muchísimas más que la Erasmus)
El caso es que llevaba preparando, y con ganas, esas charla varios días. Cuando terminó, me di cuenta de que había olvidado decir algunas cosas, un par de anécdotas, una bromilla. Y, ahora, tantas semanas después, no recuerdo de qué se trataba. Esos pensamientos: ¿han desaparecido?
Igual que cuando anoto mentalmente ideas que quiero comentar en la mesa con Mathias, ya por la noche, al calor  de un vinito o una cervecilla, después de un día de trabajo. Generalmente no son trascendentes ni van a definir nuestra existencia, pero me da rabia cuando me doy cuenta que las he olvidado, que no recuerdo de qué artículo se trataba, o qué suceso o qué me llama la atención de una persona X que quería comentárselo a Mathias, o qué han dicho o hecho los niños que merece la pena rememorarlo unas horas después.
Imagino que será un mecanismo humano para no sobrecargar la memoria, que no se puede almacenar y recordar todo. ¿O sí?
¿Alguien ha pensado alguna vez en esto? ¿Habrá pelis o libros o ensayos que hablen sobre ello?
Una última conclusión: me ocurre lo mismo con el blog, casi a dirario tengo ideas y temas sobre los que quiero escribir, y casi a diario por múltiples razones no puedo sentarme a hacerlo, de modo que esas ideas se me van,  se borran, desaparecen. Me da mucha pena.

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