lunes, 28 de abril de 2014

Como un niño con zapatos nuevos

Cada vez que he oído o dicho yo misma esta expresión imaginaba que estaría basada en la realidad y que, efectivamente, a los niños en general les hace felices tener zapatos nuevos. 
Lo que pasa es que no la asociaba con mi infancia, ni tampoco tengo recuerdos de mis hermanos volviéndose locos de felicidad por un par de zapatos nuevos cuando éramos niños. Recuerdo que una vez, siendo aún niña, pensé que la expresión vendría de lo contentos que se pondrían los niños africanos que recibían zapatos nuevos, felices de no tener que andar descalzos o con agujeros en el calzado.
Pero este fin de semana por fin he comprendido la profunda verdad que encierra este dicho: Tobias y Clara necesitaban zapatos nuevos, así que fuimos a comprárselos el sábado por la mañana. 
Y los dos, como locos desde entonces con sus zapatos nuevos. De verdad. Increíblemente felices, enseñándoselos orgullosos a todo el que hace un comentario sobre sus zapatos nuevos (mis amigas ayer por la tarde en el cumpleaños de una de ellas, una de las maestras de Clara esta mañana en el cole). No se los quitan nada más que para dormir, y el pobre Tobias hasta se echó a llorar cuando ayer le dije que no podía ponérselos para ir a montar en bici, que tenía que ponerse los "viejos" para que los nuevos-azules-decorrerrapidísimo no se le rompieran.
Por fin entiendo la felicidad que puede dar un par de zapatos nuevos.

lunes, 31 de marzo de 2014

Yoga en horario de verano

Qué distinto de hacerlo en invierno. Ayer, entre el cambio de hora, el tiempazo que nos ha tocado (sol, calorcillo, árboles en flor, pájaros piando por las mañanas, en definitiva, primavera de la güena) y el domingo en familia que había pasado, me sentía llena de energía, con mucha fuerza, para practicar mi sesión semanal de yoga.
Hasta hace un par de semanas recurría al yoga del domingo por la tarde como una fuente de energía de la que beber para llenarme justamente de eso, de energía, antes del comienzo de la semana. Antes y después de la clase el profesor ofrece siempre una taza bien caliente de té de hierbas, y entre eso, la calefacción a 25 grados y la musiquita india de fondo y el yoga en sí, sentía literalmente que recargaba pilas y podía enfrentarme al lunes por la mañana.
Ayer también estaba la calefacción a 25 grados de modo que, en vez de ser una especie de refugio del frío de fuera, fue una invitación a sudar y a fortalecer los músculos de cara al verano. La musiquita era como más movida, con un ritmo un poco más rápido. Y el té lo cambié por una servesita al llegar a casa ☺
Hoy he tenido la misma energía que otros lunes después de mi clase de yoga, pero también más agujetas y una potente sensación de que, ahora sí, ya es primavera. 

lunes, 24 de marzo de 2014

4

A lo minimalista, título escueto.
4 años los que cumpliste ayer, Tobias (y mira que no digo "muñeco" ni "peque", "que no soy muñeco ni peque, mamá, que soy Toooobias..."). Dios, 4 ya. Como cada año, te he escrito en tu diario por tu cumpleaños. Como cada año, nos traes la primavera. Esta vez, además, tu primera fiesta de cumpleaños. Tuya. Escogiste a los amigos de tu clase a los que querías invitar, escribimos jutnos las invitaciones, nos ayudaste a decorar el salón, a hinchar globos y poner serpentinas, compramos juntos las tartas, repartiste golosinas y galletitas en los platitos que, también juntos, habíamos comprado hace unos días para la ocasión. Todo a juego, como a mí me gusta, ya sabes. A ti también empieza a gustarte eso de que todo pegue y vaya a juego, je,je. me hincho cual gallina clueca con mi polluelo, tan ordenadito y estructurado como su madre.
Esta mañana me has pedido por favor que dejemos las serpentinas y los globos colgados "muchos, muchos, muchos días, así" (señalándolo con los diez dedos de las manos). 
Faltaría más, Tobias. Haré un esfuerzo por reprimir a la Ms. Proper que llevo dentro y gracias a ti resaborearemos y rememoraremos todos tu cumpleaños muchos, muchos días más. 

martes, 25 de febrero de 2014

Olores

Se me viene a la cabeza el archiconocido pasaje de la madalena en  "En busca del tiempo perdido" de Proust. Novela que nunca he leído, por cierto. Shame on me. 
El caso es que esta mañana, camino a la estación, he pensado que hacía ya demasiado tiempo que no escribía en el blog. Y mira que tengo ideas, muchas, todos los días. Tantas que a menudo pienso que me darían para una novela. Esa novela probablemente sería una mierda, pero me daría igual, como dice uno de los personajes de "House of cards" en el 2° capítulo de la 2° temporada. Sí, estamos enganchados a una nueva serie. 
Pero me estoy yendo por las ramas. Estaba hablando de los olores. De camino a la estación esta mañana me ha venido a la mente que mi barrio, Gante, Flandes en general, los asocio a un tipo de olor muy concreto. Es un olor propio, es flamenco, y con ello me refiero a algo positivo. Casi simultáneamente (es fascinante cómo funciona la mente, poder pensar y sentir varias cosas a la vez, al ponerlas en orden mediante el lenguaje tenemos que priorizar, pero en sí son fenómenos simultáneos, al menos en mi caso) me han venido a la memoria (¿a la pituitaria? ¿a la mente?) los olores de muchos sitios en los que he estado. El de Tánger, especiado, intenso, desbordante. El de las islas Eólicas, mezcla de azufre, mar y pizza. El de Islandia= sin olor. O mejor dicho, olor a viento del norte. El de Munich, extensible para mí a toda Alemania: olor a casero, a "gemütlich" como dicen ellos, a pastel y café a media tarde, un poco a canela, a madera. El olor de Córdoba, a azahar y paseos y alguna tapita. El de Viena, el de Francia, el de Asturias, el de París (que no es igual al olor de Francia, ojo), el de Dinamarca, el de Londres, el de mi casa, el de la casa de mis padres, el de la casa de mi suegra. Y así con todos los lugares en los que he estado alguna vez.
Ahora que me paro y lo escribo, cuando siento por dentro la necesidad imperiosa de viajar creo que se debe a la necesidad imperiosa de descubrir olores nuevos, de asociarlos a ese lugar y retenerlos para siempre. 

Nota: Sé que lo del  olor del viento del norte suena cursi, pero es así como me olía Islandia, y ya está.

miércoles, 29 de enero de 2014

Tarde de lectura

Cuando aún vivía en casa de mis padres a menudo me buscaba planes de todo tipo para estar lo más posible fuera de casa. En mi búsqueda de mi identidad, pensaba que pasar tiempo en casa, "sin hacer nada", era una pérdida de tiempo, además de que restringía mi libertad. 
Pero no voy a hacer psicología barata del adolescente, tranquis. Es que esta tarde se cumple uno de mis sueños de entonces: pasar una tarde fría, de invierno, sentada en un sillón, con un café o un té a mano y una pila de libros a mi lado, con varias horas por delante para sumergirme en ellos.
Cierto es que en casa de mis padres, si algo había, era libros. Si algo promovía mi padre, era que leyésemos. Y tengo que admitir que, ya más mayorcita, en la universidad, disfruté de muchas, muchas horas en mi habitación sumergida en mis libros. No en vano hice filología.
El caso es que esta tarde esa sensación es aún más confortante, porque estoy en mi propia casa, en mi sillón, sin tener que dar explicaciones a nadie (qué rabia da eso cuando una es adolescente, ¿recordáis?), sin interrupciones. Tobias está también tumbado en el sofá, recuperándose de unas anginas; Clara duerme la siesta; Mathias está en un curso.
Así que, como un regalo, en mitad de la semana, el bálsamo de una tarde entera de lectura. A mi lado, "On the road", el libro que acaba de publicar mi amiga Ana (" Letras liberadas. Cautiverio, escritura y subjetividad en el Mediterráneo de la época imperial española") y un par de revistas de esas que vienen con el periódico el fin de semana para alternar de vez en cuando, que últimamente se me da muy bien lo de la procastinación.
Lo sé, es un lujo, una tarde así. Un bálsamo.

jueves, 23 de enero de 2014

Rockalingua

Esta semana he dado con una web super chula para enseñar español a niños. No, no, no me cambio de público, lo mío siguen siendo los universitarios y los adultos. Pero es estupenda para enseñar español a mis polluelos y, ya de paso, a los polluelos de mis amigas (bueno, de eso que se encarguen ellas, je,je).
En fin, dejo aquí el enlace, porque creo que un poco de difusión para proyectos así siempre viene bien. Y si alguien quiere utilizarla, pues ese "favor" que les hago a los creadores, je,je.
http://www.rockalingua.com/

lunes, 20 de enero de 2014

Surrealista

Como me temo que soy un poco yaya y no voy haciéndole fotos a todo con mi super smartphone de la muerte, quizá alguno no me crea, pero me da igual: esta mañana, cuando me he bajado del tren al llegar a Lovaina, había un futbolín en la puerta de entrada/salida del vagón. Sí, sí, un futbolín tamaño real, no hay truco en lo que digo.
Como dicen que hoy es un "blue monday" de esos y el periódico estaba lleno de malas noticias y no para de llover, esa imagen surrealista, uan futbolín en un tren, me ha hecho reír. Tal cual, a carcajadas, yo solita. Menos mal que la gente aquí va muy a lo suyo, con los cascos puestos y tal, que si no seguro que alguno me habría tomado por loca. 
La próxima vez que me pase (?) haré una foto y la cuelgo. Aunque esto ya lo he dicho antes y sigo sin adaptarme a los tiempos que corren. Yaya.

jueves, 12 de diciembre de 2013

2:34

Es el tiempo que dura este vídeo. Podéis verlo pinchando aquí.
Desde hace un par de semanas tengo la canción en la cabeza. A veces comparto por medio del blog la música que me emociona y me llena la cabeza de pájaros y poemas.
Hoy las noticias del periódico me han puesto especialmente triste, el mundo me parece más mierda. Me enfurece ver una noticia sobre la forma más "cool" de "clubbing" inventada por un modernete frívolo en Londres al lado de los refugiados sirios que están sufriendo los rigores del invierno. 
Algunas imágenes de este vídeo ofrecen cierto consuelo, arrancan una sonrisa. Ya veréis. Y la canción es, sencillamente, hermosa. Aunque al final me doy cuenta de que el mundo, hoy, para muchas personas, sigue siendo una mierda.

viernes, 29 de noviembre de 2013

Romper una lanza

Es el propósito de mi entrada del blog de hoy. A favor de estos belgas, o flamencos, o ganteses. De algunos, al menos. Y no sé si tendrá que ver con que poco a poco parece que va acercándose la Navidad (aunque antes tiene que parar San Nicolás por aquí) o que, debido al frío, la gente busca algo de calor humano.
Sea como sea, esta mañana he ido a hacer un par de recados en mi bici nueva. Es verdad que es una bici muy chula, roja, tipo holandesa, de paseo, con una cesta de mimbre en la parte delantera para meter las compras y una sillita de niño a juego -roja, también- en la parte trasera. La había aparcado y, al volver a cogerla para seguir con mis recados, un señor mayor estaba aparcando la suya.
"Me recuerda a cuando yo era joven", ma ha dicho, todo sonriente él, vestido con ropa deportiva y una mochila al hombro (estábamos delante de la piscina cubierta).
"¿Y eso?", le he preguntado yo.
"Mis padres tenían una tienda de bicis", ha contestado el señor, "y yo siempre iba a hacer la compra en una bici igual que la tuya, así, con la cesta delante. Es una bici magnífica, robusta, un poco lenta pero muy segura".
"Ya", le he dicho yo, "aunque pesa un poco".
"Pero eso es bueno, es una bici magnífica, preciosa. Disfrútala".

Y yo, que he dormido muy mal y por eso estoy como medio atontada todo el día, flotando, me he ido en una nube, henchida de orgullo, con mi bici roja.
Siguiente parada: "matricular" la bici. En el centro mismo de la ciudad. En mi estado todavía soñador y como embodado (mientras escribo esto sigo así, no sé qué me ha dado hoy) era la oportunidad perfecta para enredarme un poco en el ambiente pre-navideño, el centro de Gante lleno de gente, dia de mercado, turistas, operarios instalando ya los mercados navideños, las tiendas decoradas con San Nicolases y "Zwarte Pieten".  Demasiado anonadada para hacer fotos con las que acompañar esta entrada, ahora me arrepiento un poco de mi despiste.
Por fin he conseguido llegar donde quería sin caer en la tentación de pararme a toma run gofre o un chocolate, y el señor -también algo mayor, de manos grandes de trabajador y gafas para ver de cerca que tenía que ponerse y quitarse según para ver qué- que estaba en el taller de bicis ha sido también amabilísimo, dándome conversación. Nada trascendental, que si las bicis, que qué bici más bonita (☺), el frío, cosas así. Sin patronizarme (mi acento, mi nombre...), sin preguntarme de dónde soy ni decir la palabra "cerveza" al oír que soy española.

Por eso he vuelto a casa así, feliz con estos encuentros pequeños que me ofrece a veces la vida, con estas dosis de calor humano en días cada vez más cortos, más oscuros y más fríos.
Y, aunque es verdad que a veces me quejo de la frialdad generalizada de (algunos) belgas, hoy tengo que romper una lanza en su favor.




lunes, 18 de noviembre de 2013

Otro regalo (para Tobias y Clara)

Tobias, Clara, no sé si algún día leeréis esto. Ojalá que sí, como tantas otras cosas que os escribo. Quiero que sepáis quién es ahora, quién era vuestra madre cuando tenía 27,28,29, 30,31...
Con qué soñaba, qué sentía, qué me preocupaba, qué me emocionaba, qué me hacía reír o llorar o enfurecerme. Qué música escuchaba o qué comida cocinaba.
Ahora es el presente, y os cuento con qué sueño, qué siento, qué me preocupa, qué me emociona, qué me hace reír o llorar o enfurecerme. Qué música escucho o qué comida cocino. 
Aquí, en el blog, o en los diarios que cada uno de vosotros tenéis.

Esta canción me hace pensar en vosotros (aunque se llame "Son"), os la dejo aquí para que la escuchéis y la leáis. Uno de mis pequeños regalos para vosotros, algo de la música que ahora escucho y me emociona y hace que se me ponga la piel de gallina. 

Sois mi vida.

http://www.youtube.com/watch?v=czFKsD3GbR8

And if you follow me son
The window wrap around you
Carry from the ground
You will never be alone

You wait one turn to sunlight
That's falling on a girl
You're still inside the world

She's reading books from empty women
They're givin' beauty tips from empty hips

And how is the water of the rain
And how is the air of the wind
And how are the arms of your mother
She's holding you in

Watch them as they try to fly their kites inside their bedrooms
That were only built for drinking
Your thoughts they never lasted long when you were under the sky
Above it you can hold a thought forever

And how is the water of the rain
And how is the air of the wind
And how are the arms of your mother
She's holding you in

And how is the water of the rain
And how is the air of the wind
And how are the arms of your mother
She's holding you in


...Y perdón por la sobredosis de "The National" de estos meses. Entre tanto ya me conocéis un poco, y sabéis que cuando algo me apasiona no puedo dejarlo, recorre mis días, semanas y meses y necesito contagiar a otros ☺

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Más conciencia de esa

De la lingüística. Sí, sí, otra vez. Tobias, otra vez. Y me he quedado tan con la boca abierta que no he sabido cómo reaccionar ni qué decirle hasta pasados un par de minutos. Porque la que me ha soltado me la esperaba, no sé, con 15 o 16 primaveritas, pero no con 3 y pico. El jodío.
Resulta que muchos miércoles por la tarde, con eso de que no hay cole, una nena de su clase y él juegan juntos, o bien en nuestra casa o bien en la de ella.
Hoy toca (lo digo en presente porque todavía rondan por aquí, la anécdota que voy a contaros es de hace media hora escasa) aquí. Y estaba dándoles la merienda a los angelitos haciendo equilibrios entre el español y el neerlandés. Que bastante cacao mental tengo yo decidiendo en qué hablarles a mis hijos cuando hay otros niños delante -por ejemplo, en el colegio- a los que estoy hablando en neerlandés.
Hasta ahora más o menos había encontrado la fórmula, repitiendo todo en los dos idiomas, una vez para los otros nenes y otra para mi prole. O eso creía yo.
Estaba siguiendo yo muy ufana a mi yo traductor cuando, de repente, Tobias, en neerlandés, mientras yo le hablaba a su amiguita, va y me suelta: "Nee, mama, doe dat niet, je spreekt niet goed Nederlands" (en cristiano: "No, mamá, no hagas eso, que no hablas bien neerlandés"). Vamos, que ma ha hundido en la miseria este hijo mío, sangre de mi sangre.
Cría cuervos...

viernes, 25 de octubre de 2013

Carta para Tobias y Clara (un poema que no es mío)

Me gustaría ser un nido si fueras un pájaro
me gustaría ser una bufanda si fueras un cuello y tuvieras frío
si fueras música yo sería un oído
si fueras agua yo sería un vaso
si fueras luz yo sería un ojo
si fueras pie yo sería un calcetín
si fueras el mar yo sería una playa
y si fueras todavía el mar yo sería un pez
y nadaría por ti
y si fueras el mar yo sería sal
y si yo fuera sal
tú serías una lechuga
una palta o al menos un huevo frito
y si tú fueras un huevo frito
yo sería un pedazo de pan
y si yo fuera un pedazo de pan
tú serías mantequilla o mermelada
y si tú fueras mermelada
yo sería el durazno de la mermelada
y si yo fuera un durazno
tú serías un árbol
y si tú fueras un árbol
yo sería tu savia y correría
por los brazos como sangre
y si yo fuera sangre
viviría en tu corazón.


CLAUDIO BERTONI.

domingo, 6 de octubre de 2013

Energía

De vez en cuando reconecto con una realidad que va más allá de lo inmediato. Y aparece una imagen, una pelicula, un artículo, libro, obra de arte, que llega y me toca. Me pone los pelos de punta y me llena de energía, una energía momentánea muy fuerte, euforia.
Con la música, como a mucha gente, como muchas veces ya me he dicho, me pasa lo mismo, aún más intenso.
Desde hace unos días, con el último single del último disco de Pearl Jam. Sé que es un poquito (bastante) mainstream, pero me da igual, tiene algo que me toca en alguna fibra muy dentro y hace que suba el volumen de la radio y, durante los minutos que dura, solo sienta eso, energía.
Os lo dejo aquí, en vídeo (que, por cierto, hacía no sé cuántos años que habían decidido no hacer más videoclips, no sé por qué han vuelto a hacerlo, pero no me importa tanto, me quedo con su música...).
Y yo recargo de nuevo energía para seguir trabajando. Necesito toda la que pueda acumular en este otoño tan denso que ya está aquí.

jueves, 19 de septiembre de 2013

I want you

Es verdad que si lo dice Bob Dylan así, pues suena muy bien. Tan bien que en español no tenemos ninguna expresión ni remotamente tan redonda, sintética, directa y asertiva (yo, yo y yo) como los anglosajones. 
¿Os imagináis a Bob Dylan diciendo algo tan largo como "¿Tengo ganas de sexo contigo?" "¿Quiero hacerte el amor?" (qué cursi, madreeeee) o la muy soez "Quiero f..... contigo" (desde siempre he odiado este verbo, me suena fatal, fatal, fatal, nunca me lo oiréis decir ni me lo veréis escribir, lo juro).
Vamos, que no, ¿verdad?
Yo, defensora declarada del español y de su difusión por el mundo, tengo quer admitir que en esto el inglés me convence mucho más. A veces ser directo, conciso y pragmático tiene sus ventajas. Incluso si se trata de sexo.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Pensamiento vagabundo

Copiado directamente de la columna firmada por Jordi Soler en El País, 7 de septiembre de 2013.
No puedo estar más de acuerdo, y anoto este aviso en mi lista de advertencias, pues no es la primera persona a quien se lo oigo/leo. Y haré todo lo posible por proteger a mis hijos de esta hiperactividad agotadora.

LA CUARTA PÁGINA

El pensamiento vagabundo

Montaigne recibió una estricta educación en latín y pasaba largos ratos en silencio. Concentrado en un solo punto, lo abarcaba absolutamente todo; nosotros, concentrados en puntos múltiples, no abarcamos casi nada

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Pierre de Montaigne estaba empeñado en que su hijo fuera mejor que él y, para conseguirlo, le dio una estricta, y hermética, educación en latín. Estaba convencido de que este era su deber de padre, pues su abuelo había sido un próspero comerciante, de apellido Eyquem, que había logrado quitarse de encima su fama de pescadero y ascender a un estrato menos oloroso de la sociedad bordelesa. Al final de su vida el abuelo, pensando en el porvenir de su estirpe, y concretamente en erradicar de su blasón los pescados ahumados, había comprado al arzobispo de Burdeos el castillo de Montaigne, para que sus descendientes reorientaran su destino, lejos de las marismas, las escamas y los espinazos.
El hijo del pescadero Eyquem, como suele suceder con los vástagos a los que todo les cae del cielo, no dio golpe, pero Pierre, su nieto, aparcó la administración de la fortuna que había heredado para hacer una carrera en el Ejército que le procuraría, gracias a su brillante desempeño, el título de Sieur de Mointange, que consiguió borrar de su linaje el apellido Eyquem.
Una vez dentro de la nobleza, privilegio que con el tiempo lo llevó a convertirse en el burgomaestre de Burdeos, montó una enorme y bien surtida biblioteca que inmediatamente atrajo a la intelectualidad de la época, y ya que había logrado consolidar el innegable ascenso social de la familia, tuvo un hijo, Michel, en el año de 1533, para el que, con la ayuda de sabios y profesores, diseñó una infancia que produjera un hombre mejor que él, un proyecto consecuente con su propia historia de superación. Y para conseguirlo le puso, desde que era muy pequeño, un profesor alemán que ignoraba el francés y que le hablaba y lo instruía exclusivamente en latín, con la ayuda de dos asistentes que le hablaban en la misma lengua. Para que la educación del pequeño Michel fuera herméticamente en latín, el padre, la madre y la servidumbre con la que tenía contacto aprendieron unas cuantas frases para dirigirse a él solo en esa lengua.
A los seis años Michel de Montaigne, sin conocer ni una sola palabra de francés, hablaba y escribía perfectamente en latín, pero más adelante, en cuanto tuvo que ir al colegio para no quedar tan aislado de la sociedad, según sus propias palabras, “su latín degeneró inmediatamente”.
Ya no hay silencio, cualquier momento libre se rellena con estímulos que salen de una pantalla
El experimento pedagógico del padre produjo, como se sabe, no solo a uno de los escritores más importantes de Occidente, sino al inventor del ensayo, ese género literario en el que cabe absolutamente todo.
El arte más grande de todos, escribió Montaigne, es “seguir siendo uno mismo”, rester soi-même, una idea que mantuvo a lo largo de su vida, que además de su inagotable obra literaria, le dio para viajar, para inmiscuirse en la política y para administrar, de mal humor, su castillo y sus posesiones. Todas las experiencias de Montaigne iban a parar a las páginas de sus ensayos, cualquier cosa que le sucedía provocaba una reflexión, una hipótesis, una sentencia, vivía concentrado en vivir para después dar cuenta de ello por escrito, para alimentar su pensée vagabonde que llevaba una sola dirección, la del ensayo que estaba escribiendo, o dictando, porque, como él mismo sentenció, “quien quiere estar en todas partes no está en ninguna”.
Sería ridículo, desde luego, seguir el ejemplo del padre de Montaigne, en este siglo XXI tan poco afecto a la concentración. Para aislar a un niño en otra lengua necesitaríamos vivir en una cueva, en el desierto o en medio de la selva, y probablemente hasta allí se colaría la información que pulula de pantalla en pantalla, y en el caso de que lográramos aislarlo herméticamente, nuestro experimento difícilmente produciría otro Michel de Montaigne; aquello fue una combinación milagrosa del rigor educativo del padre más el talento del hijo. Lo que si podemos es hacer el ejercicio de oponer a aquel niño que solo hablaba latín, que estaba concentrado, sin distracciones, en el cultivo de sí mismo, a los niños contemporáneos que están distraídos por muchas cosas a la vez, por el mundo exterior que entra a saco por una infinidad de terminales.
Mientras Montaigne pasaba en silencio largos tramos del día, que llenaba de pensamientos y reflexiones, nosotros forcejeamos contra el estruendo que sale permanentemente de las pantallas. Concentrado en un solo punto, Montaigne lo abarcaba absolutamente todo, nosotros, concentrados en puntos múltiples, no abarcamos casi nada.
Tanto estímulo exterior nos aleja del arte más grande de todos, que proponía Montaigne: seguir siendo uno mismo, porque para alcanzarlo se necesitan largas horas de reflexión, es decir, pasar mucho tiempo sentado en una silla, o andando si es que se es afecto a los pensamientos caminados que proponía Nietzsche, sin hacer nada más que pensar y esto, en nuestro hiperactivo siglo XXI, constituye un pecado capital.
Se han acabado los periodos de silencio, quien va andando no produce pensamientos caminados, va consumiendo algo que sale de su mp3 y le entra por los oídos, el que viaja en metro aprovecha el trayecto para hablar por teléfono o para responder un e-mail, y cualquier momento libre se rellena con la información ilimitada que produce la pantalla del teléfono o de la tableta. Nadie tiene paciencia ya para sentarse a oír un álbum de música completo, hay tiempo para oír una sola canción, que se vende en iTunes por separado; el disco entero nos roba el tiempo que podríamos aprovechar consumiendo otra cosa.
La hiperactividad de nuestro siglo es tan fuerte que la palabra ocio ha perdido su significado
Lo mismo pasa con el cine, comprometerse durante dos horas eternas con una película parece excesivo, si se tienen las series de televisión que vienen dosificadas en cómodas cápsulas de 45 minutos, cápsulas asépticas como las de la máquina de Nespresso, que nos ahorran el tiempo que nos tomaría el lidiar con la cafetera manual, y el esfuerzo de enfrentarnos con la monserga del café molido. Y con los periódicos empieza a suceder lo mismo, ya no se lee el periódico, se leen dos o tres noticias extirpadas del corpus, troceadas en links, y para los libros cada vez hay más plataformas que ofrecen textos breves, que puedan leerse en la pantalla del teléfono en un trayecto de autobús. Todo el tiempo que se ahorra en no oír discos completos, ni ver películas largas, ni leer libros gruesos, ¿en qué se aplica?: en consumir más fragmentos: una partida de Angry Birds, una noticia extirpada del periódico, un paseo por el timeline de Twitter, etcétera.
Este nuevo mundo vertiginoso, este ir y venir permanentemente de un fragmento a otro, es el único que conocen los niños contemporáneos, que viven en tránsito del iPad a la Playstation y cuando logran escapar de ese bucle, sus padres, convencidos de que la hiperactividad del siglo XXI es una cosa positiva, y aterrorizados ante la posibilidad de que su hijo se aburra, lo llevan a un cursillo de karate, de tenis, a clases de natación, de inglés o chino, a cualquier actividad que impida que el niño esté sin hacer nada.
La hiperactividad de nuestro siglo es tan potente que ya el significado de la palabra ocio, que quería decir estar sin hacer nada, hoy significa tirarse en canoa por los rápidos de un río, ir a África de safari fotográfico, recorrer 10 kilómetros con la técnica del senderismo o ver, de una sentada, una temporada completa de Breaking bad. Frente a este panorama de vértigo, ¿en dónde queda Montaigne, ese señor sentado en una silla, sin hacer nada más que reflexionar?
Tanta hiperactividad debería ser contrapesada con periodos de inactividad, de silencio, de concentración en una sola idea; porque de esos periodos de calma, de aburrimiento incluso, salen las grandes obras, detrás de cada poema, de cada sinfonía o novela, de cada lienzo, hay una persona que ha pasado largos periodos sin hacer nada. Lo mínimo que va a quedarnos de esta era proclive a los fragmentos, llena de niños sobreestimulados, que no tienen espacios para la reflexión y el silencio, es un mundo sin artistas.

miércoles, 28 de agosto de 2013

¿Y quién se acuerda ahora de Egipto?

Hace dos semanas tocaba Egipto, ahora toca Siria.
Ni idea de cómo están las cosas allí, es difícil escaparse del alud de información unidireccional por el que nos conducen lso medios de comunicación.
Esto es tan solo una reflexión.

Qué hace una mamá filóloga con dos hijos bilingües

Pues, básicamente, observar, anotar y constatar la evolución y toma de conciencia lingüística que, poco a poco, van adquiriendo mis polluelos.
¿Toma de conciencia de qué? Joder, Lydia, vale que seas malhablada, pero insultar así a la sangre de tu sangre...
Que no, a ver, que no es ningún insulto, dejazme que me explique.

Tobias ha pasado ya por la fase de "mamá dice pan, papá dice 'brood'", e, incluso, "papá dice, 'tafel', ¿cómo dice mamá?". Ha llegado a hacer de traductor/intérprete este verano cuando estaban aquí mi madre y mi hermana y Clara les hablaba en su propia lengua (que se acerca peligrosamente al neerlandés, lo admito). De hecho, en momentos en que Clara no para de berrear -sea en el idoma que sea- y Mathias y yo tratamos de ignorarla deliberadamente, Tobias hace de intermediario lingüístico/hermano mayor: "Mamááááá, mamáááá, que Clara quiere chupete/chocolate/un helado/jugar/ver dibujos aunque no sea la hora/mandaros a tomar por c....".
Un traductor en potencia tengo en casa, para orgullo y regocijo de su madre, cual gallina clueca.
Hasta aquí mi entusiamo, porque resulta que el señor empieza a ser una personita y tener su personalidad y, ay, preferencias. 
La semana pasada pasó varios días el nene con su abuela, y uno de ellos se lo llevó a la playa, a pasar el día con su hermano y su cuñada (de mi suegra, la abuela de Tobias, se entiende). Resulta de que la cuñada -Patricia, se llama, así ahorramos letra, espacio y explicaciones de las relaciones de parentesco- es profesora de italiano, y muy mona ella quiso hacer sus averiguaciones con Tobias.
"Vamos a ver, Tobias" (todo esto en español, muy mona ella, que algo chapurrea por aquello del italiano), "¿qué es lo que habla mamá, español o neerlandés?" "Español", respondió él, muy ufano, aparentemente. "¿Y papá?" "Nederlands", dijo él. "Y tú, Tobias, ¿tú hablas español, verdad?" "¡Neen, neen-dijo él- ik spreek Nederlands!" (sin traducción).
Vaya, que el niño ha decidido adquirir conciencia lingüística. Hay que joderse.
Voy a tener que someterle a un curso de inmersión lingüística a base toneladas de tortilla (que le vuelve loco), jamón, lentejas, chorizo, arroz con leche, croquetas y demás exquisiteces patrias para reconducirle por el buen camino...

jueves, 1 de agosto de 2013

Dilema

De vuelta de nuestras vacaciones en Dinamarca coincidimos con uan pareja de amigos, Jonathan y Kathleen, cerca de Hamburgo. Ellos viajaron desde gante hasta Copenague en bicicleta, y regresaron después en tren.
En el momento de cruzarnos, nosotros ya regresábamos e íbamos a pasar un par de días en Hamburgo para celebrar nuestro 5° aniversario de boda, ellos seguían al día siguiente hacia el norte.
Total que, el día antes de partir, igual que hicieron el año pasado (fueron desde Gante hasta Santiago de Compostela, también en bici) empezaron un blog, para así poder contar a todo el mundo a la vez sus peripecias, las aventuras del viaje.
Nos comentaron que esta vez estaban un poco desilusionados, tristes, porque no recibían muchos comentarios de la gente. Sabían que bastante gente lo leía, amigos, compañeros de trabajo, familia, pero por infinitios motivos, apenas nadie dejaba comentarios. Mathias les dijo entonces que les entendía, porque él tenía la sensación de que había bastante gente que leía mi blog, pero que contadas personas dejaban comentarios. Signifique lo que signifique "bastante" e incluido él☺
Desde entonces este pensamiento ha estado en mi cabeza, y me he dado cuenta de que muchas veces no he escrito más porque sabía de antemano que apenas habría reacciones o comentarios. Sé que hay muchas explicaciones para este fenómeno: desde "technology exhaustion" como dicen algunos "expertos" hasta falta de tiempo pasando por que otras formas de comunicación más rápidas están desplazando a la lectura que requiere de más de 30 segundos, que mi blog no es especialmente llamativo o que no escribo sobr eun tema específico, que muchos de nosotros somos lo que otros "expertos" llaman "mirones", etc, etc, etc.
Otras veces, no obstante, mi deseo de escribir, de teclear, de sacar de alguna forma algunas de las cosas que llevo dentro es más fuerte que esa desilusión. Creo que por eso sigo manteniendo el blog, con mis altibajos. Hoy estoy en un "alti", pero sé que en los próximos meses estaré más bien en un "bajo", pues se presenta un otoño de mucho trabajo, y la investigación me absorbe gran parte de la energía que puedo dedicar a escribir.
Si alguien se anima a dejar algún comentario, bienvenido...

PD: Esos "expertos" probablemente sean los mismos que cada verano nos recomiendan beber mucha agua, ponernos crema solar y no hacer ejercicio físico intenso en las horas de más calor.

Estío

Me gusta esta palabra. No es lo mismo que verano.
Este verano es, por fin, verano-verano aquí en Bélgica. Piscina en el patio, barbacoas por la tarde-noche, melón fresquito, helado en el congelador.
Siesta con la caló, gazpacho, persianas echadas y cortinas cerradas a cal y canto hasta que se pone el sol, que es cuando abrimos de nuevo, al caer la tarde. El cuerpo pide entonces una cervecita fresquita en el portal, comentando los acontecimientos del día.
Verano de sudar, de dormir en ropa interior y los niños en pañal, verano de gafas de sol y de salir de casa solo prontito por la mañana o tarde por la tarde. Terracita por la noche, con la suerte de tener que llevarse un algo de manga larga, porque refresca.
Y, aunque se hayan terminado las vacaciones, y el próximo viaje no podamos hacerlo hasta dentro de unos meses, rompemos la rutina del trabajo con nuestro verano. Es, definitvamente, mi estación favorita, la que, sin duda, mejores recuerdos me trae de mi infancia y mi adolescencia. Es la época en que más viva y más despierta me siento, con más energía, más feliz. Se reactivan mis sueños, escribo poesía mentalmente mientras ando descalza por la casa, los días se estiran y dan mucho más de sí, es todo mucho más fácil y auténtico.
Joé, ¡si es que me encanta todo del verano!

domingo, 16 de junio de 2013

El mundo sigue siendo de los hombres

Frase que vale para muchos, pero que muchos países y ámbitos de todo el mundo.
Alguna vez he pensado, ingenua de mí, que aquí en el mundo occidental las cosas son distintas (es verdad que un poco sí que lo son). No obstante, también a veces me doy de bruces con realidades que me recuerdan que todavía queda mucho por hacer, aunque estemos en el buen camino.
La última fue, sin ir más lejos, la semana pasada, en dos ocasiones distintas, en dos universidades distintas, donde ya sabéis que trabajo.
El martes, en Lovaina: reunión de la subfacultad de lingüística para ponernos a todos al corriente del proceso de integración de la universidad de Lovaina con escuelas superiores de Amberes y Bruselas (un poco rollo, no voy a extenderme con esto). Intervinieron decanos y jefes de departamento a cascoporro. ¿Cuántas mujeres tomaron la palabra? Tres. ¿Cuántos hombres? Trece. Pelín desproporcionado, me parece a mí. Entre el público, inmensa mayoría de mujeres: doctorandas, potdocs, asistentes, profesoras, catedráticas.

El sábado, en Gante: el centro de idiomas donde trabajo ha logrado un proyecto muy prestigioso, a saber, la organización de un examen para que profesores de todas las universidades flamencas puedan obtener un certificado de nivel C1 de inglés (si aprueban el examen, claro). Todos los profesores del centro, seamos de inglés o no, tenemos que vigilar en el examen. La vigilancia consistía en mucho más, ya que teníamos que prepararlo todo para que los profesores pudieran hacer el examen a través de un sistema informático y luego guardar todos los archivos en un dropbox en una plataforma digital y bla, bla, bla. En fin, al grano: ¿cuántos profesores, hombres, hicieron el examen el día que me tocó a mí vigilar? 19. ¿Cuántas profesoras? 7.

He estado reflexionando bastante y comentando estos dos hechos con mucha gente, hombres y mujeres, del ámbito universitario y de otros ámbitos, y mi gran conclusión es que sí, en comparación con hace algunos años hemos avanzado mucho, las mujeres ocupamos muchos más puestos de responsabilidad que hace no tanto, pero la proporción sigue estando bastante desproporcionada, si me permitís el oxímoron. Y no es porque nosotras no queramos, o no sepamos o no podamos, sino porque no nos dejan. Así de radical y así de sencillo. Cómo se explica si no que, en el ámbito universitario, seamos (y estos son datos empíricos y estadísticos, no son ideas ni estimaciones mías) haya muchas más mujeres estudiantes, doctorandas, asistentes y doctoras, pero en los puestos de responsabilidad siga habiendo una mayoría abrumdora de hombres.

La esperanza que me queda, que nos queda (hablo por el extenso grupo de gente -tanto hombres como mujeres- con los que he comentado este tema estos días) es que somos conscientes de ello y estamos dispuestas, silenciosa pero firmemente, a cambiarlo.